Manuel es un hombre común, salvo porque le gusta encontrar analogías; el "Hombre Analogía", como le gusta llamarse. Esta particularidad lo diferencia de Esteban, de Carla, de Evaristo. Disfruta cada instante en que puede salir a conocer gente para encontrar analogías, y prefiere salir con amigos para contárselas. Sus amigos le festejan y vitorean las brillantes similitudes que sabe encontrar, y ríen a su paso. Cuando a Manuel se le pregunta cómo se le ocurren las cosas, dice que no las inventa él, sino que reproduce lo que la sociedad ya inventó. El otro día se cruzó con Evaristo, y le encontró parecido a un australopitecus, por su andar encorvado. Se encontró con Carla y la describió cómo un canguro, a grandes zancadas movía su cara de nariz alargada y mentón prominente. Entrecruzó caminos con Esteban, a quien le asignó similitud con un saltimbanqui mudo, vestido como un payaso y nadie le prestaba atención. Hizo contacto con Luis, que parecía un francés hablando chino con una papa en la boca y un broche en la nariz. "¿Cuándo hablaste con Luis?" Preguntó uno de sus amigos. "La otra vez que hizo una analogía sobre mí".
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