martes, 10 de abril de 2018

¿Qué Hora Es?

¡¿Qué hora es?! ¿Me quedé dormido otra vez? No sonó el despertador, mi jefe me va a matar, este mes es la segunda vez. ¿¡Uh!, donde están los anteojos? Los dejé en la mesa de luz anoche… ¡acá están! A ver el reloj, son las… 7 y 24, no lo puedo creer, soy un imbécil, todavía me quedan quince minutos de sueño. Bueno, ya está, estoy despabilado, será cuestión de ponerme a hacer algo útil. Me podría tomar una ducha, pero ya me duché anoche, sería un exceso; además el calefón está andando re mal y hasta que se me calienta el agua se me pasa la mañana. Prendo la tele un ratito, a ver si está el pronóstico; o por ahí me entero que hoy hubo apocalipsis zombie, llueven vacas o estalló la tercera guerra mundial mientras dormía, que se yo, cualquier cosa puede pasar un día que me levanto temprano. Canal 2, otra vez esa basura infantil; canal 7, algo de un accidente en la autopista; canal 9, ¡pronóstico! Que linda la chica del tiempo, no la tenía vista… y claro, si nunca me levanto a esta hora, voy a tener que empezar a madrugar más seguido. Bueno, 18° de máxima, no estamos nada mal, ya se siente la primavera que llega; me parece que voy a aprovechar y me voy a poner la camisa que me compré en otoño y todavía no pude estrenar, a ver si en una de esas tengo suerte y con esto de madrugar puedo hacer que Julieta se fije en mí. Debería ponerme el perfume nuevo, de paso, y el pantalón negro y ya está, la encaro en la máquina de café en el intervalo después de la reunión, listo, la tengo cocinada. ¿Zapatos? Ni idea, supongo que los negros van, y arriba la campera nueva de cuero. ¡No! ¡Soy un idiota, no lavé la campera, me re olvidé que el inútil de Carlos me tiró una cerveza entera encima el sábado! Encima es de cuero, no tengo ni idea cómo limpiarlo, le tengo que preguntar a mamá, o se la llevo el jueves y le pido que me la lave; no, el viernes la necesito para salir con Carla… por ahí la puedo convencer de que venga hoy a casa, le digo que la invito a cenar, pido una pizza, le pido que me enseñe a lavar la campera, obviamente mientras me enseña me lava la campera y yo ni tengo que darle bola, ya tengo la campera lavada, además ella se va a poner contenta que viene a casa, que me ve y no está sola en casa, ganamos todos. De cualquier manera, sigo sin tener abrigo, creo que voy a terminar repitiendo el buzo de ayer, total está limpio; hace frío, no transpiré.
Ok, ya estoy vestido, me faltan los zapatos, ¿dónde quedaron? A ver… acá hay uno, ¿y el otro? Debajo de la cama no está, en el armario tampoco, debajo de la silla tampoco; hacé memoria, Juancito, ¿dónde metiste el otro zapato? ¡Ah, ya sé! Debe estar atrás del bolso, porque los usé el otro día antes de ir a jugar al futbol. Exactamente, los encontré, perfecto. Felicitaciones Juancito, sos un capo, tenés que dejar de laburar en este trabajo explotador de porquería, estás para más, vos tenés que ser jefe. ¿Qué es ese olor? Uh, la ropa de futbol quedó sucia. Calma Juancito, vos sabías todas estas cosas cuando decidiste irte a vivir sólo, ahora paciencia.
A la noche lo veo, es tarde, ya debería estar por salir. No tengo tiempo para un café, me caliento una leche en el microondas, le tiro un poco de chocolatada, abro un paquete de galletitas y estoy pipí cucú. ¡Uy! La alarma, es hora de irme. Bueno, a ver, celular, billetera, auriculares; tengo todo. ¿Llevo preservativos? Y, en una de esas tengo suerte; una caja es un montón, llevo uno sólo en el bolsillo y ya, sino es mucho problema… total, las chances de usar una son bajísimas, de usar varios aún peor. Pero mamá siempre me dijo que hay que empezar el día esperando lo mejor y lo peor, y si espero lo mejor debería llevar la caja… ¿a quién engañás, Juancito? No sos tan fachero; en cualquier caso mejor agarro plata, con veinte pesos no llego a ningún lado. ¿Quinientos está bien? A ver, hagamos cuentas; si tengo que salir a almorzar son cien, si me quedo sin puchos son cincuenta más, si voy al after doscientos y si tengo que comprar preservativos son otros cincuenta. Estoy en cuatrocientos, margen de error de doscientos más y todo esto es considerando que no pase nada raro; ya fue, agarro mil y con eso me manejo, total para tenerla en casa o en el bolsillo es lo mismo, si me van a robar va a ser en cualquier lado. Campera por si refresca a la noche, llaves de casa, listo salgo.
Llamaron el ascensor de arriba, voy por la escalera, es lindo empezar la mañana con un trote, son varios pisos pero estoy hecho un pibe, ayer en el futbol la rompí; ¡uy, me tiró! La rompí y me rompí yo también me parece, voy a seguir bajando despacito y espero el ascensor en el quinto. Ahí viene, se escuchan voces, espero que no esté lleno; ¡apa! está la nueva vecina del octavo, que linda que es… me sonrió, ya está, se avivó que me subí en otro piso y está pensando que soy un imbécil, listo, la tiré a la basura, mejor voy desechando mis esperanzas desde ahora. Igual voy a salir rápido del ascensor así le abro la puerta como un caballero, salvo que está abierta la puerta y el portero barriendo; hoy no me sale ni una.
Ahí va el sesenta, lo voy a correr que llego; levanto el brazo a ver si me ve y para; no, no llegué, devuelta me tiró. No es tan grave, tiene buena frecuencia. Ahora que lo pienso no le devolví el saludo a la vecina del octavo, soy un idiota. Ahí viene otro, si es de mi ramal lo paro; perfecto, me lleva. ¿Cerré la llave del gas? No me acuerdo; no calenté agua hoy, asumo que no la abrí. Pero por ahí quedó desde anoche, bueno, espero que no explote todo. Éste paró, me subo; hasta el centro, le digo, me mira raro; no me gusta esa cara, tiene una expresión rara. Está moviendo los labios, va a hablar, ¿qué me va a decir? “No, pibe, está todo cortado, hubo un accidente múltiple en la autopista, llegar al centro hoy imposible. Si tenías algo importante que hacer avisá que no llegás”.

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