lunes, 26 de abril de 2021

Devagar

"Ya no era capaz de discernir la realidad del sueño, esa fina capa que divide los sentidos y nos protege de nuestro propio subconsciente se había desintegrado en el instante en que sentí el impacto. Mis ojos parecían estar abiertos, pero no lo sabía realmente pues sólo veía sombras; mis oídos activos eran capaces de oír sonidos que no comprendía; y el olfato me traicionaba con el mismísimo olor de la nada. Me acerqué los dedos a la frente, sentí algo, cálido y viscoso, ¿acaso tenía sangre en la frente? noté las volutas típicas de un corte en mi piel normalmente blanca que ahora lloraba sangre. Pero, ¿y si acaso mi tacto me traicionaba como mis otros sentidos?

Una sombra se vió, humana, alejarse; un portazo se oyó, adrede; un olor sanguinolento me inundó las fosas nasales a la par que mis labios, separados entre sí por el asombro, servían la estética perfecta para la catarata de sangre que caía por mi cara. Entré en pánico, quise gritar, pero sólo sentí la aspereza de mi garganta. Me quise levantar, erguir, pero fue imposible; las fuerzas se habían evaporado de mis músculos, la vida se estaba extinguiendo. Comenzaba a sentir el frío de la muerte abrazarme, su guadaña sobre mi abdomen y su esquelética mano en mi hombro izquierdo. "Estás lista?" me dijo una voz a mi espalda; no me di vuelta, no quise o no pude, da igual, simplemente me dejé caer sobre mi espalda, esperando encontrarme con mi creador, como dicen, o con dios o el diablo, sea cual fuere mi destino. "Acaso alguien alguna vez está listo?" pregunté sinceramente, aunque la pregunta era retórica. Mis ojos se cerraron a la par que mi nuca golpeaba el piso rígido y frío que sería mi lecho final. Paz, tranquilidad, placer; fueron sólo un instante, lo que vino luego fue dolor, sudor y lágrimas. Tratando de volver en mi, sobre mi cama, despertaba de una pesadilla.

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