Apareció en mi campo de visión; escapar no era una opción. No miré para atrás, no hacía falta; sabía que las puertas estaban cerradas, y los muros eran más duros que de costumbre. Iba a ser víctima, ya no sería más testigo. Tantas veces logré evadir la situación, pero esta vez era imposible; el atacante ya había hecho blanco en mí. Se veía en su cara, y probablemente la mía también lo denotara. Varios años de preparación para este momento. Debía vencer; mucha gente confiaba en mí, mucha gente dependía de mí. Sabía que este momento llegaría, mi enemigo también, pero él estaba más seguro de sí mismo. Miré alrededor mío, solo veía dudas, nervios, miedos, flotaban por todos lados. Era cuestión de entrar en razón; no podía ser vencido tan fácilmente, no iba a ser vencido tan fácilmente. Pensé en mi familia, pensé en mis amigos, pensé; y tomé coraje. Frente a frente, decidí ser el primero en disparar; manteniendo la ofensiva, ubiqué la posición correcta, y, como si lo hubiese estado haciendo durante muchos años, ataqué: “¿Puedo ayudarlo en algo?”
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